
DIEGO FANELLI
Para un buscador, el mayor desafío no es encontrar la verdad. Es reconocerla y aceptar que ya no hay nada más que buscar. Es reconocer lo falso, la máscara, aquello que ya está listo para morir. La mentira cae. La verdad queda.
Durante muchos años busqué. De joven estudié cocina, una carrera que no me interesaba demasiado, pero fue justamente ese oficio el que me permitió empezar a viajar. A partir de ahí fui conociendo países, culturas y formas muy distintas de vivir.
Pasé por comunidades, fiestas, sustancias, relaciones y ceremonias, buscando otras maneras de vivir y de comprender la existencia. Durante años estuve rodeado de naturaleza, movimiento, gente nueva y lugares que, vistos desde fuera, podían parecer una vida soñada. Y, sin embargo, seguía sintiendo un vacío. Podía estar en una playa, rodeado de gente bailando, y no sentirme completo.
Años después llegó una experiencia que volvió a cambiarlo todo: mi hija mayor, Gaia, de 4 años, «enfermó». En aquellos días, muchas de las cosas que normalmente ocupaban mi cabeza dejaron de importar: el alquiler, el dinero, el coche, el futuro. Importaba Gaia. Estar ahí. Acompañarla. Sostener lo que estaba ocurriendo.
Once días de hospital. Horas eternas. Oscuridad profunda. Grandes revelaciones y mensajes divinos. Símbolos sagrados. Después de muchos años pensando, buscando y tratando de comprender la vida, hubo momentos en los que simplemente no había nada que pensar. Había que estar.
El proceso de salud de Gaia me llevó a profundizar mucho más en algo que ya venía apareciendo en mi camino: el estudio de lo humano, del espíritu, de la psique y, especialmente, del cuerpo. Y en ese proceso fui encontrando herramientas, profesores y maestros que me guiaron hacia la luz y la verdad. Con el tiempo, esas mismas herramientas comenzaron también a servir para acompañar a otras personas.
Porque hay cosas que podemos contar con palabras y hay otras que el cuerpo expresa antes de que podamos nombrarlas. Una tensión que vuelve, una zona que duele, una respiración que cambia, una reacción que aparece sin una explicación clara. La mente puede intentar explicarlo todo, pero el cuerpo guarda nuestra experiencia.
Por eso mi trabajo une ambas cosas: el cuerpo y la palabra. Hablamos, observamos, preguntamos. Y también trabajamos directamente con el cuerpo: con las manos, con la respiración y con las sensaciones.
No se trata de que yo te diga cuál es tu verdad ni de ofrecerte una nueva creencia. Mi experiencia puede servir como un puente, pero el trabajo es que puedas reconocer por ti mismo qué está ocurriendo en ti.
Con el tiempo entendí que llega un momento en el que seguir buscando también puede alejarnos de aquello que ya está ahí. Una crisis, un síntoma, una emoción, una dolencia. Aprendí que el síntoma puede ser apenas la cumbre de una montaña y que hay que atravesarla para comprender su origen.
No necesitas seguir buscando. Necesitas reconocer aquello que ya se está expresando. Es el trabajo de desaprender y desvelar. Es el viaje hacia la consciencia.
Y en eso puedo acompañarte: con la palabra para comprender y con las manos para escuchar lo que el cuerpo está mostrando.


¿CÓMO PUEDO ACOMPAÑARTE?
SESION PRESENCIAL & ONLINE
A través del masaje, la respiración y la contemplación, escuchamos el cuerpo y reconocemos aquello que tu historia ha dejado en él. Mi función es acompañarte a descubrir aquello que ya se está expresando en ti.
¿CÓMO FUNCIONA UNA SESIÓN PRESENCIAL?
La palabra: Comenzamos con un espacio de escucha y un breve recorrido por tu historia vital.
Respiración y masaje: A partir de lo que emerge, entramos en el trabajo psicocorporal mediante técnicas de respiración y masaje.
Integración: Terminamos con un breve espacio para compartir e integrar lo vivido.
Duración: 1 hora y 30 minutos
¿CÓMO FUNCIONA UNA SESIÓN ONLINE?
Llegar y poner en palabras: Conversamos sobre lo que estás viviendo y aquello que deseas explorar.
Presencia y conciencia corporal: A través de la respiración, la percepción y distintas propuestas corporales, observas lo que ocurre en ti.
Integración: Un breve espacio para compartir y cerrar el encuentro.
Duración de las sesión online: 1 hora.


¿PARA QUIÉN ES ESTA PRÁCTICA?
Puede ser especialmente significativa si estás atravesando sobrepensamiento, ansiedad, miedo, dolor, soledad, conflictos de pareja, duelos o momentos de cambio. También si simplemente deseas regalarte un tiempo de autocuidado, presencia y conexión contigo mismo. No necesitas estar atravesando una crisis para comenzar.


MI EXPERIENCIA
Me he formado profesionalmente con Idan Hojman durante el curso 2024/2025 de "La Vía del Cuerpo" Pudiendo formalizar mi servicio de terapeuta psicocorporal.
Pero a su vez mi camino de formación ha sido principalmente autodidacta y experiencial. Durante años aprendí viajando, observando, atravesando distintas formas de vida y acercándome a enseñanzas sobre el cuerpo, la consciencia, la salud y la experiencia humana.
Mi escuela ha sido la vida, los encuentros y desencuentros, y también el estudio de personas que marcaron profundamente mi manera de comprender y acompañar.
PERSONAS Y ELEMENTOS FUNDAMENTALES
El Maestro (Aire): Barry Long
Desde la primera escucha de su palabra mi corazón se abrió a su enseñanza. Maestro del amor, de la vida, de la muerte, de Dios, de la Verdad.
El Médico (Tierra): Dr. Hamer
Sus discubrimientos sobre los procesos biológicos y la relación entre organismo y experiencia forman parte de mi recorrido y de mi manera de comprender el cuerpo.
El Profesor (Fuego): Idán Hojman
Creador y sostenedor de La Vía del Cuerpo. Gran buscador y hombre fascinado por la experiencia humana y el trabajo del trauma a través del cuerpo.
La Alquimista (Agua): Anna Vidal
Con su arte, medicinas, disposición y presencia ha sabido acompañarme a desvelar el Ser brillante y maravilloso que soy. Ella me enseñó que la palabra del Maestro es sagrada y no hay que alterar nada.
MI CONSCIENCIA COMO UN PUENTE
No se trata de que yo te diga cuál es tu verdad. Mi experiencia puede servir como un puente, pero el trabajo es que puedas reconocer por ti mismo qué está ocurriendo en ti.
Con la palabra para comprender y con las manos para escuchar lo que el cuerpo está mostrando.

